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Quién te Acompaña

Soy Alejandra Manríquez.

Después de medio siglo de vida, aprendizajes y renacimientos, hay algo que cambió profundamente mi forma de entender la imagen. Comprendí que muchas veces la manera en que nos vemos no refleja quiénes somos… sino cómo estamos viviendo por dentro.

UNA EXPERIENCIA PERSONAL

Hubo un momento importante en mi historia en que dejé de reconocerme frente al espejo. Tras una pérdida significativa, atravesé una larga etapa recurriendo casi exclusivamente al negro. Mi apariencia se volvió más dura y apagada, sin advertir que mi vestimenta también daba cuenta de aquel periodo. Hasta que un día algo se hizo evidente: no se trataba de abandonar ese color, sino de recuperar la intención al vestirme. Volver a cuidarme no era superficial. Era reencontrarme conmigo y transmitirles a mis hijos que era posible avanzar.

Y ese reencuentro también me hizo ver que, cuando una persona empieza a permitirse ser más auténtica, puede generar reacciones en quienes la rodean, especialmente cuando ese cambio se aleja de lo que otros esperaban. La imagen no habla solo de cómo nos vemos, sino también de los cambios internos que, poco a poco, se hacen visibles.

Ese proceso cambió mi mirada. Aprendí que la imagen no es solo estilismo… también expresa quién eres. Habla de presencia, identidad y de cómo nos habitamos. Los colores, las formas, las texturas y los detalles que elegimos influyen en lo que sentimos y comunicamos, y en el espacio que ocupamos en el mundo.

A partir de ahí decidí profundizar en el estudio de la asesoría de imagen, integrando una mirada más humana, consciente y en sintonía con los procesos que vive cada persona. Me formé como Asesora de Imagen en la Escuela Argentina de Moda y en Espacio Buenos Aires.

Antes de eso, mi camino estuvo ligado a la educación, el lenguaje y la orientación. Estudié Literatura y Lingüística, Pedagogía en Lenguaje y Consejería Vocacional en la Pontificia Universidad Católica de Chile. A través de estas disciplinas aprendí a observar, escuchar y comprender a las personas, una base que hoy es fundamental en lo que hago.

Mis años como docente me mostraron algo que hoy sigue siendo central en mi trabajo: la imagen es una forma de comunicación profunda. Cómo nos vestimos, cómo nos movemos, cómo nos miramos… sin buscarlo, todo habla de nosotros.

MI CAMINO

Con el tiempo entendí que nada de lo que había vivido estaba realmente separado. La literatura, la educación, la orientación, la imagen y mis experiencias terminaron integrándose en una misma forma de acompañar a las personas en sus procesos, también cuando la vida nos lleva a preguntarnos por nuestra identidad, nuestra vocación o el sentido que queremos darle a esta nueva etapa.

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Y así nació CALMA, un nombre que también lleva mi propia huella. 

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